
Gente de la tierra
«No nos ganamos la vida, hacemos nuestra vida. Nuestro trabajo es la tierra, nuestro descanso es la tierra, nuestra vida es la tierra. Los campesinos de los Altos Alpes hablan como los de Giono. Son jóvenes, nos deleitan, modelan el paisaje y mantienen la cabeza alta en el principal departamento ecológico de Francia.
Las manos de la memoria
Trabajan la madera, el cuero, la piedra, la lana, el vidrio y el hierro como otros esculpen el tiempo. Los artesanos de los Altos Alpes perpetúan técnicas milenarias, heredadas de las montañas y las estaciones. En sus manos, las materias primas se convierten en objetos preciosos, útiles o bellos, que cuentan la historia de una región y sus tradiciones. En medio de un mundo apresurado, tejen la paciencia y el saber hacer, para que nada se pierda y todo permanezca.





Los barqueros de montaña
En los senderos, en los valles, al borde de los bosques o al pie de los glaciares, quienes se dedican al turismo abren las puertas a un gran teatro natural. Ya sean guías, guías de montaña, guardas de refugios, proveedores de alojamiento o animadores de actividades de ocio, todos comparten la misma pasión, la de ayudar a descubrir las montañas en toda su cruda y generosa gloria. Te invitan a esforzarte, a contemplar, a vivir la aventura, pero también a conocer gente, porque cada sonrisa intercambiada vale tanto como una cumbre conquistada.
Una región vibrante
Con el paso de las estaciones, los Altos Alpes atraen a muchos turistas, pero no son los únicos… Signo de los tiempos, cada vez más jóvenes trabajadores deciden instalarse aquí, para trabajar y fundar una familia. No faltan oportunidades profesionales en el sector de las energías renovables, la construcción, el comercio, los servicios, la agroalimentación o la pequeña industria, y la vida aquí es sin duda más dulce que en otros lugares.

«Arar, sembrar, segar y cosechar eran gestos eternos que se repetían sin que nadie tuviera tiempo de detenerse.
Sopa de hierbas silvestres