Golf
de Gap-Bayard
À Gap-Bayardel campo despliega su alfombra verde a 1.250 metros de altitud. Dieciocho hoyos esculpidos en la luz, con los Écrins como telón de fondo. Por la mañana, el rocío se adhiere a tus zapatos y el silencio es casi religioso. Es un lugar de concentración, pero sobre todo es un lugar de vértigo: la sensación de golpear una pelota con la sensación de que el aire es más ligero, de que el juego respira mejor aquí que en cualquier otro lugar.

Golf
de Montgenèvre
Más arriba, en Montgenèvre, es otra historia: un campo franco-italiano, que se abre al infinito a 1.850 m de altitud. Las calles se aferran a los pastos de montaña y los greenes tocan las cumbres. Golpeas, levantas la cabeza y, de repente, la pelota casi se funde con los picos. La emoción no se mide en golpes, sino en momentos inolvidables. MontgenèvreMontgenèvre es el golf que desafía las alturas, un juego transformado en aventura, un deporte transformado en viaje.






