Parques
como refugios
El Parque Nacional de los Écrins (925 km²), el Parque Natural Regional de Queyras (650 km²) y el Parque Natural Regional de las Baronnies provençales (1.560 km²) forman un cinturón protector en torno a paisajes excepcionales. Luego están las zonas Natura 2000, centinelas silenciosos de la biodiversidad. Estas zonas no son estáticas: son territorios habitados, donde el hombre y la montaña encuentran su equilibrio.

El aliento
de los animales salvajes
En los Altos Alpes, el silencio se rompe a menudo con el vuelo del águila real o el silbido de la marmota. Cabras montesas, rebecos, quebrantahuesos, urogallos negros y las truchas de los Écrins son testigos de una fauna resistente pero frágil. Los insectos, también buscadores incansables, forman parte de esta discreta sinfonía de montaña. Su encuentro, fugaz o prolongado, encierra la promesa de una emoción cruda.

La riqueza
de las flores de montaña
Cada estación revela una inesperada alfombra de plantas. Gencianas azules, edelweiss, lirios martagón o lavanda de las Baronnies la flora de los Altos Alpes es un viaje entre la altitud y el Mediterráneo. Estas plantas, a menudo raras, han aprendido a aferrarse a las pendientes, a resistir el frío o a captar la menor gota de agua. Y los árboles, ya sean luminosos alerces o nudosos pinos cembros, completan este cuadro vivo ofreciendo cobijo y permanencia. Su fragilidad impone respeto.

Agua,
un tesoro compartido
Desde los glaciares de los Écrins hasta los ríos caudalosos del Durance y el Guil, el agua modela la faz del departamento. Riega los valles, alimenta los huertos y riega los pueblos. Un recurso precioso y amenazado, que nos recuerda a diario que las montañas son un depósito de agua que hay que preservar. En los Altos Alpes, seguir el flujo del agua significa comprender el vínculo íntimo entre las personas y su entorno.

Científico ante todo, Richard Bonnet vigila el frágil equilibrio entre fauna, flora y actividades humanas desde el corazón del Parque Nacional de los Écrins. Como jefe del departamento científico, escruta las señales más leves que envían las montañas: glaciares en retroceso, especies migratorias, nuevas presiones. Hombre de campo, encarna el rigor de la investigación al servicio de un patrimonio natural que defiende con convicción inquebrantable.






